La prisa decide mi ritmo…

By febrero 10, 2017Blog
Evitar la prisa ayuda a no sufrir estrés

En cuanto te das cuenta la prisa se ha apoderado de ti…

Es muy común, sales de casa empiezas a caminar y aunque no tienes que estar en ese lugar a una hora en concreto, o incluso sabiendo que te sobrarán unos minutos, no lo puedes evitar…

Esa sensación de no llegar a tiempo, no llegar a todo, que te empuja a sentirte acelerado y estresado pero que realmente no te hace ganar tiempo.

 

Esa frase,

despacito y con buena letra”,

ha sido expulsada de nuestro refranero

como si se tratara del himno de los profesionales perezosos

 

Ahora eres el más eficiente si demuestras tener menos tiempo, más trabajo, menos horas para dormir y más estrés que nadie.

Pero esta sensación de nollego, no se limita exclusivamente al trabajo.

Una vez que este virus se instaura en el organismo empieza a contagiarse a todos los ámbitos de nuestra vida.

De repente las decisiones que tomas las tienes que tomar Ya!, la cola del supermercado es una tortura creada específicamente para ti, en la que absolutamente todos los que van antes que tú tardan un decenio y dos lustros en encontrar el último céntimo de su cartera (y encima aparece esa típica persona que se ha olvidado de coger la leche, pero ahora mismito vuelve…).

Quizá no te hayas dado cuenta, pero empiezan a notarlo hasta tus amigos, quedas con ellos y solo hablas del poco tiempo que tienes, de que les has cedido ese hueco haciendo malabarismos en tu agenda y de que te tienes que ir ya porque te toca estar en nosedonde para hacer noseque que no puede esperar.

Enfermedad de la prisa

El estrés es nuestro nuevo mejor amigo, nos acompaña a todas partes y nos da una imagen más profesional y comprometida.

Pero… ¿comprometida con que?

Pues comprometida con la ansiedad, con atribuirle más importancia al futuro que al presente, con sacar conclusiones anticipadas sobre lo terrible y decepcionante que sería no cumplir las fechas que uno mismo se ha propuesto, o incluso comprometido con una falta total de organización que te lleva a creer que no hay tiempo para todo, a menos que todo se haga corriendo.

 

¿La prisa se ha apoderado de ti?

¿Quieres saber si la prisa se ha apoderado ya de ti? Puede que lo anterior te suene pero no estés seguro de si ya has empezado a perder la capacidad por disfrutar del día a día, voy a darte algunas pistas:

 

  • Cuando me tomo unos minutos para no hacer nada me siento culpable
  • Me desespera la gente que hace las cosas con calma, ya sea en el trabajo o comprando en una tienda
  • Si dejo algo para después, no puedo parar de pensar en ello
  • Cuando estoy sentado por un largo período de tiempo mis piernas no paran de moverse
  • Me cuesta disfrutar jugando o compitiendo con mis amigos si veo que voy a perder
  • Si no tengo nada útil que hacer me desespero, siento que me falta algo

 

Si has respondido SÍ a la mayoría de estas afirmaciones, quizá sea el momento de pararse a ver cuales son tus prioridades y cuanto tiempo les estás dedicando.

 

¿Qué importancia tiene para ti la familia, el trabajo, los amigos, disfrutar de unos minutos con tus compañeros al salir de trabajar?.

¿Hace cuanto no practicas ese deporte que tanto disfrutabas?.

¿Cuándo fue la última vez que saliste a tomar algo con tus amigos sin pensar en lo que tenías que hacer después?.

¿Recuerdas que era eso que tanto te gustaba hacer y hace cuanto no le dedicas una parte de tu tiempo?.

Incluso, puede que no te hayas fijado, pero el delicioso sabor de un desayuno pasa ya inadvertido en tu paladar.

 

Es el momento de parar.

  1. Aprovecha estos minutos para hacer una pequeña lista de cosas de las que te gustaría volver a disfrutar: un baño caliente con espuma, salir y tomar una copa con mi pareja, cocinar ese plato que tanto me gusta, encontrar unas horas para acercarme a la playa, volver a la piscina, reírme con mis amigos en la cafetería de abajo…
  2. Ahora coge tu agenda y busca al menos 3 momentos de la semana para retomar estas conductas.
  3. Recupera el placer por los detalles: Mañana, cuando te prepares el desayuno fíjate en los pequeños detalles, fíjate en como al abrir el recipiente del café sale todo su aroma, como se mezcla con el agua, como suena al deslizarse dentro de la taza, y ese sabor tan característico, algo amargo, quizá con un toque más dulce que ayer, préstale atención al calor que desprende esa taza sobre tus manos, y aprovecha este momento del desayuno solo para esto.
  4. Deja de buscar la perfección en todo lo que haces, esforzarse es siempre positivo, pero recuerda que la perfección no existe, obsesionarte con ella te hará perder gran parte de tu tiempo.

 

Tomar café sin prisa

El control genera descontrol, ya que es imposible tenerlo todo exactamente como lo deseamos y machacarnos para conseguirlo nos frustrará, observaremos el tiempo que hemos invertido en vano y siempre consideraremos que los demás no lo han valorado tanto como tiempo le hemos dedicado.

 

Aprende a decir NO.

A decir que no a tu propia autoexigencia y autocrítica, y a decir que no a los demás.

Ese correo que has recibido a las 22 horas no es tan importante, si así fuera recibirías algo más que un único correo, no hagas suposiciones sobre lo mal que le parecerá a la otra persona que le contestes mañana a las 9 y no dejes que esa vocecita torturadora te diga que una persona verdaderamente profesional lo habría contestado.

 

El momento de ser profesional terminó cuando terminó tu jornada,

mañana tendrás otra ocasión para serlo.

 

Si todo esto ha removido algo en ti, te ha hecho sentir incómodo o incluso aún más inquieto de lo habitual, es hora de tomar medidas, no olvides a que has venido aquí, ¿a trabajar?, ¿a exprimir cada segundo pensando en lo que viene después? ¿O acaso haces todas estas cosas para sentirte útil, eficaz, porque en definitiva lo que buscas con todo ello es ser feliz?

Pues no olvides que ese es tu objetivo final, ser feliz…

 

via GIPHY

“…en cambio, Amelie cultiva el gusto por los pequeños placeres:

hundir la mano en un saco de legumbres,

partir el caramelo quemado de la crema catalana con la cucharilla

y hacer rebotar las piedras en el canal S. Martín.”

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